Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día cada uno pueda encontrar la suya.

lunes, 30 de julio de 2012


Estábamos acurrucados, una fina sábana nos acariciaba la piel, nuestros cuerpos se amoldaban uno con el otro a la perfección, y aunque tan solo fuese algo físico, a mí me valía. Un momento muy tierno, sí, pero en el fondo todo era fruto del deseo que ambos teníamos, anhelábamos ser como antes, una sola persona, fusionados, sin necesidad de hablar para decirnos algo, todo se basaba en cosas para nada complejas.


Ninguno de los dos quería hablar sobre aquello que nos estaba desgastando por dentro, aquello que consumía todas nuestras fuerzas. Estaba completamente segura de que debíamos hacerlo, teníamos que decirlo de una maldita vez. Aunque conociéndome, no sería capaz de ir al grano, así que opté por la segunda opción.

- ¿Me quieres? - Inquirí, mirándole con la vista entornada.

Él suspiró, pero por alguna extraña razón, de sus rojizos labios no obtuve respuesta. Aunque tampoco se separó de mí, ni tan siquiera un milímetro.

- ¿Me quieres? -Volví a preguntarle, con el ceño fruncido.

Y seguía sin responder, permanecía inmóvil, tenía los ojos en blanco, como si estuviese petrificado por el miedo.

- No sé .

Fue entonces cuando abandoné el calor que desprendía su cuerpo, hallé un nuevo tipo de dolor, era como si me hubiese arrancado la piel a tiras, deshecho lo único que nos quedaba y nos sostenía. Intenté ampararlo otra vez con mis brazos, recuperarlo, pero todo fue en vano. Al cabo de unos minutos se dispuso a proseguir:

- No de esa manera, ya no. Lo siento.

Y todo rastro de esperanza se desvaneció como una ola se lleva a las pequeñas piedras de la orilla. Durante mucho tiempo había pensado que todo aquello era un sueño, pero en esos momentos se me antojó todo lo contrario, una pesadilla inminente, y por mucho que lo intentase no podía despertar.

¿Le odiaba? No, eso era algo utópico para mí entonces. Tampoco conseguía tenerle asco, le quería más que antes, lo ansiaba aún más. Acababa de convertirse en el fruto prohibido, acercarme a el más de lo decretado podría convertir en  polvo los fragmentos en los que me acababa de separar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario